EL ABANDERADO LUIS ALBERTO HEIREMANS PDF

Luis Alberto Heiremans b. He was an outstanding writer of his country's Generation of ' He was an active member of the movement that began in the s to reform drama in the university, which has had a great effect on the Latin American stage. Aside from his highly praised brief narratives, collected in Los mejores cuentos de Luis Alberto Heiremans , the critical world has identified three phases of his work.

Author:Vogul Malashura
Country:Bosnia & Herzegovina
Language:English (Spanish)
Genre:Business
Published (Last):17 January 2013
Pages:463
PDF File Size:9.62 Mb
ePub File Size:16.12 Mb
ISBN:743-8-14639-944-4
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MUJER 1. Tan arisca de un de repente. Vuelven a sonar las flautas y los hombres ensayan saltos del baile. Teniente hay que decirle. Hay que ir despacito por las piedras. Bailando como chu ca Todos lo saludan. La traemos seca con el polvo. Una de las mujeres va a buscar una botella con vino.

Mientras a Torrealba. Aprovecha para soltarte los cordone A los otros. Torrealba obedece con gran alivio. No e haga de rogar. Soy yo el que vaya contar. MUJER n. Miren lo que fue a echar al mundo. El que se lo vino a decir era uno que llaman el Tordo. Por eso mi teniente Bruna y yo le dimos fe. Es medio pije; pero no se le puede negar que es recontra ocurrente. Le dijo al Tordo que entrara y. A ver i me alcanzan otro traguito para refrescarme A veces los ver os escasean y hay que agarrarlos al vuelo.

MUJER rr. Nosotros entramos con las carabinas cargadas. Se fue para el lado del Cerro Pardo Lo seguimos claro: hubo un tiroteo. Conamos por la quebrada y lo sorprendimos en la ribera del tranque. Mudo estaba y con la mirada de fiera. Se alejan. Saca una vela de uno de los faroles que cuelgan de la cruz y con ella empieza a frotar el interior de los zapatos.

Sin la mujer el hombre anda como perdido. Yo vengo de lejos. Del Sur y para el interior. Mucho mejor. Pero mi tenjente Bruna dice que el lugar no es eguro Se nos han arrancado otros, y por eso tenemos que llevarlo Mi cabo dice que es peligroso.

No lo creo. Por lo menos no lo parece. Como todos. Por eso le dicen Abanderado. En las tardes, cuando iba a pasar el tren de las siete Quiero decir, Comelio, Camelia Torrealba. Camelia Torrealba. Ella trata de ponerle el otro. No hagas desaires Y que les vaya bien en la festividad. Lo caminos e cruzan. M JER 1. Suenan algunas flautas. Hay un redoble prolongado de tambor. Los espejos, lo realmente buenos, no hablan. Lo repiten en forma inaudible. BR NA. Muy bien, mi teniente.

Un espejo que lo aprobara todo. Nada ha pa ado, mi teniente. AquI uno se pudre sin darse cuenta. Igual que el agua al fondo de las nona. Al cabo de un tiempo nadie quiere beberte. BRU A. Esas arrugas de las cuale te hablaba, e as canas, esas miradas, lo que delata en una palabra. Y por eso te vaya nece itar. Es por la falta de costumbre. Se escuchall ruidos afuera.

Permi o, mi teniente. Ya no van a Pueblo Bajo sino a La Calavera. Claro que en La Calavera Mientras menos piense, mejor. Bruna ya ha terminado de afeitarse; pero sigue miralldo al orde- nanza como si se contemplara en el espejo. No hay gente, no hay vida. El ordenanza se lo pasa. El preso El rostro del que carga dema iadas culpas.

Porque las culpas se van acumulando. Porque el peor ca tigo es ver esas culpas. Y para que eso no suceda e nece itan espejos que reflejen lo que uno era Se escuchan ruidos de pasos, gritos y 6rdenes. Por eso te recornjendo que no lo intentes. Por i e te ha 01 idado alguno, voy a refre carte la memoria De robo a mano armada en lo pueblo de Ritoque, Mauco y Pachacama. En total, veinticuatro denuncias. El Abanderado no colltesta. El Abanderado lo mira algunos segundos y luego lo escupe el pleno rostro.

Las cosas duelen y el pa ado pe a como una cruz. Me miro y ni iquiera veo lo que me acaban de hacer. Traen unos arcos de hojas de paLmera. Ya no ha de tardar la balsa. Grandes risotadas. Mire que venimos a encontrar en el embarcadero. Seiialando al Abanderado. Mudo como piedra.

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Heiremans, Luis Alberto (1928–1964)

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